¿Cómo identificar un buen guion?

Es la pregunta que muchos directores y actores se hacen cuando llega un guion a sus manos. Y creed cuando os decimos, que puede ser el comienzo de una aventura maravillosa… O de una pesadilla sin escapatoria.

Por ello, queremos mostraros una serie de herramientas para que sepáis identificar un buen guion. Un proceso que os será realmente útil, tanto si buscáis un proyecto que dirigir, o si como intérpretes queréis ser más selectivos. El tiempo es oro, y no estamos para desperdiciarlo.

Dalton Trumbo (Bryan Cranston) en el film homónimo, de Jay Roach (2015), considerado uno de los guionistas más metódicos y rápidos de la historia.

Equidistancia en la lectura

Todo creador es un universo, y eso Michael Rabiger lo sabe muy bien, de ahí que nuevamente vayamos a recurrir a su manual de ‘Dirección cinematográfica: técnica y estética’ (2008).

Así mismo, debemos presuponer que cada uno es entonces un lector ávido de temáticas heterogéneas y con traumas sin resolver. Sin detenernos en la manida expiación psicológica-terapéutica que se achaca a la acción creativa, interesa que nos centremos en la equidistancia en la lectura.

Michael Rabiger (1939- ) habla de seleccionar aquello que es bueno para uno mismo, pero sin obviar la equidistancia al respecto.

“Ya sea su película una comedia, tragedia, de terror, fantástica o infantil, debe contener temas que crea que son atrayentes. (…) Evite guiones que pregonen, debatan problemas o demuestren soluciones.”

Por tanto, siempre es conveniente, que el contenido del guion nos resulte atractivo, dado que conectará con nuestros gustos personales. No obstante, hay que alejarse emocionalmente del material para evitar caer en la subjetividad de lo leído.

Un guión no es una novela

Es otro de los aspectos que Rabiger destaca. Erróneamente, cuando un cineasta novel, o un actor que no está habituado al formato de guion, consideran que el guión no está a la altura por no resultar entretenido.

‘Delitos y faltas’ (1989) supone un díptico de historias cruzadas, la de Judah Rosenthal (Landau, izda.) y la deCliff Stern (Allen, drcha.), en el drama y la comedia, respectivamente.

Y es que no tiene por qué serlo. Un guion cinematográfico, es ante todo un planning o guía para que el director sepa hacia dónde va la trama y los personajes. Eso no quita que uno no pueda disfrutar de la lectura de guiones. Por ejemplo, ‘Delitos y faltas’, de Woody Allen, resulta un guion realmente entretenido de leer.

Por su esencia, el guion cinematográfico además no tiende a ser literal, o a estar cargado de descripciones con enormes figuras estilísticas o literarias. Aunque haya cineastas como Pedro Almodóvar o Quentin Tarantino, que se permitan licencias que no son propias de la escritura de guión.

Almodóvar tiende a escribir de manera muy teatral, rompiendo muchas veces con los principios de escritura de guión.

Indicios de un buen guion

Michael Rabiger establece una serie de indicadores muy concretos para poder realizar la identificación mucho más sencilla y factible, a la que añadimos algún comentario adicional:

Ni pensamientos ni instrucciones ni comentarios: es el primer elemento indispensable que se espera de un guion competente. Como mencionábamos, la no literalidad en la forma de su redacción.

Nada de juicios de valor: así como a los calificativos, es decir, el abuso de la descripción per sé. Rabiger apunta que recurrir a ella viene siendo lo mismo que acotar la imaginación del lector.

Abierto en todo momento o flexible: lo que viene siendo incisivo, sin resultar implícito. Por ejemplo, leer en la descripción: Layo esboza una media sonrisa, que entrevemos de satisfacción. En vez de: Layo esboza una gran sonrisa triunfante de su éxito como si del mismísimo diablo se tratase.

Resulta concreto para los intérpretes: o lo que viene siendo lo mismo, las descripciones son básicas y fácilmente interpretables por los actores. Sin necesidad de dar lugar a mal entendidos o dudas al respecto.

Exento de especificaciones técnicas: referidas a movimientos de cámara o de montaje.

No es explicativo: en tanto a en cuanto que no pone las cosas fáciles al lector, pero tampoco imposibles. Para ser más exactos: no es previsible.

Empleo de un lenguaje visual: evoca a imágenes, jamás a conceptos o ideas de carácter abstracto o metafórico.

En resumidas cuentas, ya seáis directores o intérpretes, lo realmente importante es que al leer el guion no haya una impresión de condicionamiento. Ante un guion cerrado y de máxima especificación y detalle, el director está atado de pies y manos.

Barton Fink (John Turturro) intenta en el film homónimo de Joel Coen (1991), demostrar su valía para la escritura cinematográfica a pesar de ser dramaturgo.

Mientras que los intérpretes se verán frustrados como creadores artísticos. En uno abierto, se favorecerá un proceso de creación activa por parte de ambos. Según el tipo de narradores, o de intérpretes que seáis, tendréis que decidir con sumo cuidado qué propuesta se amolda más a lo que buscáis.

En cualquiera de ambos casos, siempre y cuando se cumplan los identificadores: estaréis ante un buen guion.

29/06/2020

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