
¿Qué es el argumento moral? ¿O qué definición podemos conferirle? El guionista de cine al enfrentarse a la página en blanco tiene que ser consciente de que tarde o temprano, se enfrentará a su articulación.
El argumento moral es definido por John Truby en su ‘Anatomía del guión’, 2007 como la visión del autor. Es decir, se refiere a él como el tema que conforma el mundo narrativo que el guionista constituye.

Sin embargo, deberíamos preguntarnos, ¿hay distintos argumentos morales? ¿se trata de un elemento personal y único de cada escritor? Estas son las cuestiones que pasaremos a dirimir a continuación.
La búsqueda del principio fundador
Todo argumento moral que se precie ha de tener un principio fundador, y es la labor del guionista el dar con él. Una prueba muy útil para saber si se ha dado con el adecuado, es intentar sintetizarlo en una sola frase.
Es una forma realmente útil de condensar todos los factores de carácter moral que intervienen en la historia en una sola idea. Y es que como cualquier árbol que se planta, todo comienza con una semilla. Esta analogía es aplicable al principio fundador del argumento moral.

En cualquier caso, el argumento moral no puede quedarse meramente en el principio fundador. Es inevitable que adquiera mayor consistencia según se trabaje más en él, y es aquí donde muchos guionistas fallan.
La temática no siempre estará presente de buenas a primeras en el argumento moral que estemos articulando. Será preciso que profundicemos lo suficiente para que emerja de manera natural. Para ello hay dos vías interesantes a explorar:

- El viaje: es un recurso metafórico idóneo para trabajar el desarrollo del tema. De ahí que en las road movies, habitualmente encontremos cómo a través de distintas circunstancias va emergiendo progresivamente.
- Un gran símbolo único: un signo físico distintivo en el protagonista o que podamos asociar al mismo. En ‘Las brujas de Salem’, de Arthur Miller, los papeles de confesión están íntegramente asociados al tema de la obra.
- Unión de dos grandes símbolos en una frase: con frecuencia puede recurrirse a ello para generar un contraste en el principio fundador. Un ejemplo idóneo, sería ‘El corazón de las tinieblas’, de Josep Conrad. No solo queda de manifiesto un viaje hacia la incivilización sino a lo más profundo de la depravación humana.
Las variaciones del argumento moral
El guionista tiene que tener presente que el argumento moral puede variar en base al tipo de historia que esté trabajando. Con toda seguridad, y probablemente, condicionado por el contenido se recurra a un tipo específico.
Este hecho no implica que el guionista no deba atreverse a experimentar con el argumento moral, aunque entrañe un riesgo más que evidente. Esa complicación puede venir derivada del intentar ejecutar una combinatoria de varios.

El argumento moral ganará en consistencia cuanto más definido y esencial sea. Por el contrario, si el guionista recurre a varios, puede provocarse un caos temático que confunda al espectador. De ahí que mostremos esta serie de variantes con el fin de solventar complicaciones a corto plazo:
1) El bien contra el mal: es un exponente universal en el que el protagonista mantiene una actitud ético-moral positiva, mientras que el antagonista es siempre amoral. Es el argumento moral donde más presente se hace el viaje del héroe de Campbell.
2) Tragedia: tiende a mostrar un defecto en su protagonista que después tendrá consecuencias catastróficas para los de su alrededor y para él mismo. ‘Edipo Rey’, de Sófocles es el ejemplo por antonomasia de esta variante.

3) Pathos: toma elementos de la tragedia, pero los aplica a un hombre mundano que lucha por una causa perdida, siendo esto antecedente de su final. El Don Quijote de Cervantes es con toda seguridad el caso literario más notorio de esta variante.
4) Sátira e ironía: se sustenta en el contraste, dado que la sátira es la ridiculización de las creencias, y la ironía una forma de narrar. El protagonista considera que actúa correctamente y los efectos de ello tienen un impacto inmoral.

5) Comedia negra: muestra cómo un sistema es la prisión de un conjunto de individuos abocados inevitablemente a la destrucción. Busca ocultar la autorrevelación al protagonista con la idea de calar en el espectador. ‘Ocho sentencias de muerte’, es un espléndido exponente.
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