El diseño del protagonista en cine

Esta continuación del diseño de personajes irá focalizada al protagonista de nuestro proyecto. Como vimos en el artículo anterior referido al diseño de personajes complejos para cine, comentábamos algunas pautas fundamentales para iniciar su configuración.

Hablamos de la importancia de tejer una red que los interconectase, sin excluir a los roles secundarios y vimos los principales arquetipos. Estos últimos nos serán de gran ayuda para determinar quién es nuestro protagonista.

Nishi (Kitano), protagonista de ‘Hana-Bi’, es un inspector de policía muy poco corriente.

Profundizaremos en aspectos que afectarán al protagonista del film, sin obviar a los demás personajes. Pues, a fin de cuentas, el equilibrio en el diseño de los mismos, ha de tener la misma importancia que para con nuestro personaje principal.

Rasgos fundamentales

No hay protagonista en cine que no resulte atractivo, interesante, o que al menos, podamos sentir identificación o simpatía por el mismo. Pero la cuestión es, ¿cómo conseguirlo? ¿Cómo hacer de lo artificial algo humano?

En este apartado referido al protagonista, recurriremos de nuevo a la ‘Anatomía del guión’, de John Truby, quien identifica una serie de rasgos principales. Muchos de ellos hacen alusión a lo que hemos comentado por anterioridad, pero una cosa es la teoría, y otra muy distinta, la práctica.

Erin Brockovich (Roberts), a pesar de ser un personaje real, posee tal carisma y entereza, que resulta fascinante desde el minuto uno.

Fascinación inherente: el espectador no puede bostezar ante el protagonista que contempla. Este debe captar su atención en todo momento, siempre debemos ir revelando pequeños detalles, a modo de pistas sobre el mismo. De esta forma, la audiencia querrá seguir interesándose por él.

No es difícil identificarse con Ted Kramer (Hoffman) en el film de Robert Benton: es un tipo mundano, sencillo, y con el que muchos padres pueden verse reflejados.

Principio de identificación: lo cual no significa, que el público deba sentirse plenamente identificado con el protagonista. Solo hay dos elementos por los que el espectador estará dispuesto a sentir una cierta identificación. Pero hay que evitar que se vea a sí mismo reflejado en el personaje; esto tiene su razón de ser.

Puede que no toleremos moralmente a Bridget Gregory (Florentino), pero es innegable que hasta cierto punto comprendamos sus actos.

Vínculo de empatía: fácil de obtener del espectador, si nuestro protagonista es presentado como alguien agradable, o cuyos factores de definición resultan positivos. Ello no significa que debamos concebir un personaje principal bondadoso per sé, dado que hay otros que son cuánto más amorales y desagradables. Con empatía no hablamos de que el público sienta simpatía por él, sino que sea capaz de entenderlo o al menos de comprender ciertos aspectos del mismo.

Leonard (Pearce) obtiene ambas: psicológica (pérdida de la memoria reciente) y moral (hacer justicia por la muerte de su mujer).

Necesidad psicológica y moral: la primera, responde únicamente al protagonista, mientras que la segunda busca que sea capaz de cambiar su actitud con respecto a los demás. Muchos films generan la primera estupendamente, pero dejan de lado la segunda, haciendo que su personaje principal resulte menos completo.

La mecánica interna del protagonista

O lo que vienen siendo los cambios que se producen en el protagonista. El rol principal no puede estar ausente de los mismos, y es ese conjunto de cambios los que propiciarán el arco del mismo.

Muchas veces se habla del arco del protagonista, pero obviando que para que parta del punto A para ir a B; debe haber sucedido algo. Y son estos sucesos los que en contadas ocasiones no se trabajan lo suficiente, y que dan lugar a personajes planos y poco definidos.

A continuación, veremos una serie de ejemplos, de cuáles son los cambios más profundos que tiende a darse en el protagonista en cualquier narrativa.

Forrest (Hanks) es el más famoso personaje del cine, y que mejor encarna el argumento de historia de madurez.
  1. De niño a adulto: también conocido como historia de madurez, y que la literatura ha dado toda una serie de obras clave para situar este cambio. Probablemente, el ejemplo más sonado en Hollywood sea el de ‘Forrest Gump’, de Zemeckis, 1994.
Una mujer adulta, sí, pero que hará lo imposible por salvar a su pueblo y erigirse como la gobernante que es.

2. De adulto a líder: el interés en este protagonista, radica en que primero considera que debe alcanzar el buen camino. Para luego darse cuenta de que debe guiar a los demás a través de ese camino. El clásico de L. Mankiewicz ‘Cleopatra’, haría alusión a este ejemplo.

Frank Galvin (Newman) es un abogado en horas bajas y alcohólico, que finalmente tomará conciencia y participación activa por el cliente al que representa.

3. Del cínico al participante: variación del mencionado con anterioridad. Aquí el protagonista se centra únicamente en sí mismo; hablamos de un egoísta sin escrúpulos. Un genial ejemplo es el que nos ofrece Lumet en ‘Veredicto final’, 1982.

El personaje de Juana de Arco, tal y como lo representa Bresson en su film, recogería el testigo de este ejemplo.

4. De líder a visionario: sustenta la gran mayoría de relatos bíblicos, así como mitos. El personaje principal busca que los cambios calen de tal forma en la sociedad, que transformen la forma de vivir en el futuro. ‘El proceso de Juana de Arco’, de Bresson, 1962, respondería a este ejemplo.

Bajo esa fachada de cercanía y de esfuerzo y superación, Lou Bloom (Gyllenhaal) esconde a un sociópata en potencia que pisará a quién sea que se interponga en su camino.

5. De líder a tirano: quien parece emerger con la intención de ayudar a los de su alrededor, termina por convertirse en exactamente lo contrario. Uno de los últimos casos más demoledores es el de ‘Nightcrawler’, de Gilroy, 2014.

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6. Metamorfosis: el protagonista se transforma en alguien que no es. Cambia su aspecto radicalmente para con respecto a los demás, perdiendo su coherencia interna. A veces, puede ser tan extremo, que es preciso recurrir a símbolos. ‘Carretera Perdida’, de Lynch, 1997 expresa este cambio a la perfección.

23/10/2021

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