El formato documental en cine

¿En qué momento distinguimos ficción de documental? ¿Hay algún tipo de fundamentación al respecto? ¿Podemos afirmar abiertamente que no hay retroalimentación?

Este tipo de cuestiones chocan a veces a la hora de abordar el formato documental. Dado que, si bien es cierto, que se considera un género cinematográfico, posee unas cualidades adicionales más que evidentes.

En el documental ganador del Óscar ‘Inside Job’, de Charles Fergusson, se pone el dedo en la yaga en los responsables de la crisis económica del 2008.

Por ello, haremos un breve repaso en torno al género o formato documental dentro del sector cinematográfico. Y así mismo, podremos comprender en buena medida sus características y elementos diferenciadores, y comunes a la ficción.

Experimentación, proyección, observación e interacción

Según Michael Rabiger en su manual ‘Directing the documentary’, 1997, menciona que el documental podría haberse originado en Rusia. Específicamente, por el miembro perteneciente al movimiento Cine-Ojo, Dziga Vértov.

Vértov se hizo reconocido en Rusia, y más tarde a nivel internacional, por sus trabajos de carácter documental en Kino-Neyelda en 1918. Si bien es cierto, que no se detuvo ahí, dado que intentó siempre ampliar la captación de la realidad, experimentando con la técnica del montaje. Así lo demostró con sus obras cumbres, ‘El hombre de la cámara’ (1929) o ‘Entusiasmo. Sínfonía del Donbass’ (1930).

Fotograma de ‘El hombre de la cámara’, de Vértov, 1929.

Sin embargo, el que en realidad se adelantaría al género documental, sería el estadounidense, Robert J. Flaherty. Esto se haría realidad, debido al estudio etnográfico que inició en 1915 acerca de los grupos de esquimales del Ártico. Su film, ‘Nanook el esquimal’, 1922, se convertiría en pionero del formato.

Inevitablemente, y debido al desarrollo del cine en el período de entreguerras, no es de sorprender que el documental sirviera a la propaganda posterior. Con toda seguridad, la película que marcó un cénit, sin desmerecer las de la URSS, sería ‘El triunfo de la voluntad’, de Leni Riefenstahl, 1937. Toda una oda al nacionalsocialismo del III Reich.

Fotograma de ‘El triunfo de la voluntad, de Riefenstahl, 1937.

Al comienzo de los 60 se dieron dos variantes estrechamente correlacionadas en lo referido a la progresión documental. Por un lado, en Estados Unidos, los hermanos Maysles y Fred Wiseman, apostaban por el direct cinema. Consistía en grabar ocultando la cámara, casi sin preparativos, con la intención de grabar lo más fidedignamente posible un proceso determinado.

En la misma década en Francia, Jean Rouch iniciaba el conocido como cinema vérité, que partía de los postulados de Flaherty. Este tipo de documental, aspiraba a una interacción directa entre el cineasta con el sujeto a filmar; legitimándolo a iniciar sucesos concretos que poder registrar. Se trata, por tanto, de una corriente contraria a la pasividad y a la espera.

Rouch llevó a cabo numerosos documentales sobre las costumbres africanas como en ‘La caza del león con arco’, 1967.

Los ingredientes del documental

En los años más recientes, el género documental ha pasado a traspasar algunas de sus barreras originarias. Hasta el punto de que no es posible concebirlo como un formato o género que busque ‘captar lo real’. Sino más bien, construir un relato, sustentándose en un lenguaje no asociado a la ficción, pero que no por ello, no es menos cinematográfico.

De ahí que algunos cineastas no tomen del todo en serio el formato documental, o consideren que puede resultar burdo o manipulador. Si bien es cierto, que la calidad en la factura técnica, así como el enfoque de muchos, no han restado su impronta. Ya fuera por la temática, la figura en cuestión, o incluso, la forma en que estaba narrado.

‘Cosmos’, la adaptación documental del libro de Carl Sagan, aún con su valor divulgativo, está realizado desde las teorías del astrónomo.

No obstante, si tuviéramos que detenernos a comprobar una serie de aspectos que están adheridos al género documental, podríamos mencionar:

La definición de una identidad artística: el documental, independientemente de su tipología o temática, quién se dedique a la realización de este formato, ante todo: debe conocerse. Solo a través de este autoconocimiento, emergerán las inquietudes que le llevan a filmar algo desde esta perspectiva.

Documentación material: siempre precisa y necesaria, independientemente de qué es lo que se vaya a abordar. El paso previo a la escritura de cualquier guión en este formato, y que, aún con la intención que haya de por medio, será preciso fundamentar.

La entrevista como herramienta vehicular: no hay forma de eludir en mayor o menor medida este recurso, que es ya indispensable en el documental. Aunque no se entreviste a una figura en particular, raras son las excepciones en las que no hay participación colectiva. Ya sea de expertos o de personas asociadas a la cuestión a filmar.

En ‘Buena Vista Social Club’, de Wim Wenders, 1999, no solo se busca dar crédito a un grupo de músicos de gran trayectoria en Cuba, sino reunirlos para una actuación inédita.

Enfoque plenamente personal: contrariamente a lo que debería ser, estamos ante un formato que se supedita en todo momento a le percepción subjetiva del director. Y es que este tipo de trabajos, a veces buscan esclarecer, cierto, pero no por ello no deja de haber un sesgo o poso personal.

13/12/2021

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